Estados Unidos redefine su política marítima con implicaciones directas sobre el comercio global, los costes logísticos y las exportaciones industriales.
El America’s Maritime Action Plan es una estrategia integral presentada por la administración de Donald Trump con el objetivo de recuperar el dominio marítimo de la nación, revitalizar sus astilleros y fortalecer la seguridad nacional y económica.
A continuación repasamos el plan poniendo el foco en los puntos que consideramos más estratégicos para la comunidad de amec.
La estrategia se articula en torno a cuatro pilares: la reconstrucción de la capacidad de construcción naval, el impulso a la formación, la protección del sector industrial marítimo y el refuerzo de la seguridad nacional. Cada uno de ellos contiene medidas concretas que afectarán de forma directa o indirecta al comercio internacional y a los costes logísticos de las empresas exportadoras.
Este pilar busca aumentar la producción de buques en astilleros nacionales. Para lograrlo, el plan propone grandes inversiones en infraestructura portuaria y astilleros, incluyendo la modernización de diques secos y grúas, así como la creación de Zonas de Prosperidad Marítima para atraer capital privado hacia las comunidades costeras e industrias marítimas.
La medida más relevante desde el punto de vista del comercio internacional es el establecimiento de una tasa universal a buques comerciales construidos en el extranjero que atraquen en puertos de EE. UU. Esta medida busca que los buques que se benefician del acceso al mercado estadounidense contribuyan directamente a la revitalización de la capacidad marítima del país.
> Riesgos identificados: Las fuentes advierten que esta medida podría elevar los costes de importación para consumidores y empresas, alterar las rutas comerciales globales y provocar represalias comerciales de otros países, como ya ocurrió anteriormente con China.
Este eje se enfoca en asegurar que el comercio y las compras gubernamentales apoyen a la industria local. El objetivo es garantizar una demanda estable para los buques con bandera, tripulación y construcción estadounidense, reduciendo la dependencia de flotas extranjeras.
Para ello, el plan contempla fortalecer los requisitos de preferencia de carga, exigiendo que un mayor porcentaje de las mercancías gubernamentales y comerciales se transporte en buques con bandera estadounidense.
> Requisito de Preferencia Marítima de EE. UU.: se propone exigir a las economías con alto volumen de exportación que transporten un porcentaje gradualmente mayor de su carga en contenedores hacia EE. UU. en buques estadounidenses calificados.
> Carga gubernamental: el plan busca aumentar el porcentaje actual —que es del 50%— de las mercancías de agencias gubernamentales civiles que deben transportarse obligatoriamente en buques con bandera de EE. UU.
> Impuesto de Mantenimiento de Puertos Terrestres para equilibrar los costes entre las importaciones marítimas y las que llegan por tierra. Esta iniciativa surge para corregir una disparidad competitiva entre las distintas vías de entrada de mercancías al país.
Actualmente, la falta de una tasa en los puertos terrestres equivalente al Impuesto de Mantenimiento de Puertos (HMT) que pagan los puertos marítimos incentiva a los transportistas a desviar la carga hacia las fronteras terrestres, lo que perjudica la competitividad de los puertos marítimos estadounidenses.
Como solución, se establecería un impuesto del 0,125% sobre el valor de la mercancía que entre por puertos terrestres.
El riesgo no es inmediato, pero hay que monitorizarlo ya
El MAP está en fase de propuesta y algunos de sus mecanismos (especialmente la tasa por kilogramo) aún tienen que atravesar procesos regulatorios. Sin embargo, la dirección política es clara y la velocidad de implementación de la administración Trump ha demostrado ser superior a lo esperado. El error sería esperar a que sea definitivo para reaccionar.
Riesgos concretos a vigilar
El más tangible a corto plazo es el encarecimiento del flete marítimo hacia EE.UU. Si la tasa de entre 0,01 y 0,25 $/kg se aplica sobre los buques de carga extranjeros, el impacto en el coste final de exportar maquinaria industrial será significativo.
El segundo riesgo relevante es la presión sobre los distribuidores e importadores locales. Si el coste de importar desde Europa sube, los socios comerciales en EE.UU. pueden buscar alternativas domésticas.
El tercero, menos inmediato pero estructural, es la posible reconfiguración de rutas y hubs logísticos. Si el impuesto a puertos terrestres se implementa, empresas que usaban México o Canadá como punto de entrada intermedio verán ese arbitraje encarecido o eliminado.
Recomendaciones logísticas prácticas
Lo primero es que cada empresa cuantifique su exposición real: qué volumen en kilos exporta a EE.UU., por qué puerto entra, y qué porcentaje representa el flete sobre el precio de venta.
Lo segundo es revisar los contratos vigentes con clientes en EE.UU. para ver si incluyen cláusulas de revisión de precio por variaciones regulatorias o arancelarias.
Lo tercero es explorar si tiene sentido consolidar envíos con otras empresas del mismo sector o del entorno de amec, para diluir el sobrecoste por kilogramo. La tasa penaliza el peso, no el valor, así que la densidad de valor del envío importa mucho.
THE WHITE HOUSE. RESTORING AMERICA’S MARITIME DOMINANCE