La economía alemana registró en 2025 el primer avance anual del PIB desde 2022, tras dos ejercicios consecutivos de contracción. El dato confirma la salida técnica del ciclo recesivo, aunque el ritmo de recuperación es todavía muy limitado y deja abiertas importantes dudas sobre la solidez del repunte.
El PIB alemán aumentó un 0,2% tanto en el cuarto trimestre de 2025 como en el conjunto del año, poniendo fin a un periodo prolongado de debilidad económica. En 2023 la economía se había contraído un -0,3% y en 2024 un -0,2%, configurando el episodio de deterioro más largo en décadas para el país. Este cambio de signo marca, al menos desde el punto de vista estadístico, el final del ciclo recesivo iniciado tras la crisis energética y la desaceleración industrial posterior a 2022.
Alemania es la principal economía de la eurozona y un eje central de su tejido industrial y exportador. Que vuelva a crecer, aunque sea de forma muy moderada, tiene un efecto simbólico y de confianza para el conjunto de la región, después de varios trimestres en los que el país había actuado como freno del crecimiento europeo. El dato sugiere que el deterioro económico se ha estabilizado, pero todavía no apunta a una recuperación sólida del motor industrial europeo.
El avance del 0,2% anual es muy limitado y se asemeja más a un escenario de estancamiento que a una recuperación real. Mientras otras economías europeas mantienen ritmos de expansión más dinámicos, Alemania apenas logra crecer. Persisten señales de debilidad estructural:
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El crecimiento se ha apoyado fundamentalmente en la demanda interna, con un aumento aproximado del 1,4% en el gasto de los hogares y del 1,5% en el gasto público, especialmente en defensa e infraestructuras. No ha sido una recuperación impulsada por la inversión privada ni por el sector exterior.
La sostenibilidad del crecimiento está condicionada por varios factores de riesgo:
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A ello se suma un contexto internacional más fragmentado, con tensiones comerciales que siguen pesando sobre las exportaciones industriales.
Las proyecciones siguen siendo prudentes y asumen que el crecimiento alemán continuará por debajo de los niveles históricos y condicionado por los riesgos externos y las debilidades estructurales todavía no resueltas.
Las previsiones oficiales apuntan a un crecimiento del 1,3% en 2026, muy vulnerable a la desaceleración del comercio global.