El modelo actual de producción provoca pérdidas económicas evitables en la industria manufacturera. Son costes ocultos que no aparecen en la cuenta de resultados, pero que se acumulan a lo largo del ciclo de vida de productos y activos. Ahora, por primera vez, han sido cuantificados.
El Circularity Gap Report 2026, publicado por Circle Economy y Deloitte, plantea la circularidad desde una perspectiva económica. No se centra en el daño ambiental de la economía lineal, sino en el valor económico que se pierde cada año y que podría evitarse. A esa pérdida la denomina «Value Gap» o brecha de valor.
Este enfoque traslada el debate de la sostenibilidad al terreno del negocio: rentabilidad, competitividad, resiliencia y gestión del riesgo.
La circularidad no es sinónimo de reciclaje. Una empresa que se limita a reciclar más está operando en el nivel más bajo de recuperación de valor. El verdadero diferencial competitivo está en el diseño del producto y en los modelos de servicio asociados. Los fabricantes que interioricen esta jerarquía antes que sus competidores estarán mejor posicionados ante la presión regulatoria que se avecina y ante las exigencias crecientes de sus clientes industriales.
El punto de partida es una constatación de que la pérdida de valor está integrada en su propio diseño. El modelo de extraer, fabricar y tirar genera pérdidas estructurales en cada fase del ciclo de vida de materiales y productos. Es consecuencia directa de cómo están diseñados los productos, organizadas las cadenas de suministro y estructurados los incentivos económicos.
Buena parte del valor que una empresa incorpora a sus productos (materiales, energía, trabajo, tecnología, diseño) se destruye antes o después de que el producto cumpla su función, y esa destrucción es en gran medida evitable.
De los diferentes mecanismos de pérdida de valor identificados, dos afectan directamente a los fabricantes de equipamiento industrial.
Uno de los principales motores de pérdida de valor es la obsolescencia prematura: productos y activos que se retiran antes de haber agotado su vida técnica útil, no por deterioro real sino por decisiones de diseño, presiones comerciales, cambios regulatorios o comportamiento del usuario.
La respuesta directa es diseñar para la durabilidad y la modularidad: crear equipos que puedan actualizarse, repararse y adaptarse sin sustituir el conjunto. Para un fabricante de bienes de equipo, esto no es solo una cuestión de sostenibilidad, es un argumento de propuesta de valor hacia sus clientes.
El informe presta especial atención al deterioro de maquinaria e infraestructuras a un ritmo más rápido del necesario, por falta de mantenimiento, uso inadecuado u obsolescencia. Se estima que entre el 25% y el 50% de esa depreciación podría evitarse. Esto abre dos oportunidades concretas para los fabricantes:
Las recomendaciones se articulan en tres líneas.
