Las previsiones comerciales de la UNCTAD para 2026 presentan un panorama donde la resiliencia económica lograda en 2025 se ve amenazada por una transformación profunda de los riesgos globales.
Mientras que el año anterior estuvo marcado por la incertidumbre en las reglas del comercio, 2026 se define por una geopolítica volátil que impacta directamente en la energía, las finanzas y las cadenas de suministro.
A partir de finales de febrero de 2026, la geopolítica desplazó a la incertidumbre sobre la política comercial como la principal preocupación de los mercados. Este cambio no es solo de percepción; se sustenta en datos alarmantes:
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Los países en desarrollo enfrentan consecuencias más severas debido a que sus importaciones de energía son inelásticas, especialmente en combustibles, alimentos y fertilizantes.
Ante el alza del petróleo y el gas, naciones como Bangladesh, Brasil, Egipto, India y Vietnam, entre otras, han tenido que implementar subsidios a los combustibles o topes de precios. Estas medidas se adoptan a un alto costo fiscal, lo que complica la gestión de las cuentas externas y las políticas monetarias en un contexto de depreciación de sus monedas frente al dólar.
Aunque el comercio de mercancías mostró fortaleza a inicios de 2026, este crecimiento es engañoso debido a su alta concentración.
Se observa una tendencia hacia la creación de asociaciones comerciales más proactivas y regionales.
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Estas iniciativas ocurren mientras el comercio Sur-Sur sigue ganando terreno, habiendo pasado de 0.5 billones de dólares en 1995 a 6,8 billones en 2025, superando ya en valor al comercio Sur-Norte.
La economía de la Unión Europea se encamina a una ligera desaceleración, proyectando un crecimiento de apenas 1,3% para 2026.