El inicio de 2026 se produce en un contexto de crecimiento económico moderado. Por un lado, la actividad global mantiene una evolución contenida, sin indicios de recesión generalizada. Por otro, la industria europea continúa expuesta a una demanda exterior débil y a una presión competitiva elevada.
Las proyecciones del Banco Central Europeo (BCE) de diciembre de 2025 sitúan el crecimiento del PIB de la zona euro en 1,4% en 2025 y 1,2% en 2026. Este avance se sustenta principalmente en la demanda interna, apoyada por la mejora gradual de los salarios y el incremento del gasto público, especialmente en defensa e infraestructuras.
No obstante, el BCE identifica una vulnerabilidad relevante: la zona euro seguiría perdiendo cuota exportadora durante el periodo 2025–2028 que se explica por debilidades estructurales, una mayor presión competitiva internacional, especialmente desde Asia, y por el efecto de un euro relativamente fuerte, que reduce la competitividad del producto europeo en los mercados exteriores.
El PMI manufacturero de la zona euro muestra que la producción volvió a disminuir en diciembre, tras varios meses de estabilización. Alemania volvió a registrar el peor resultado entre las principales economías del área.
De cara a 2026, la evolución de la industria europea dependerá en buena medida de la ejecución efectiva de los estímulos anunciados en Alemania y del aumento del gasto en defensa a escala europea, aunque el punto de partida sigue siendo de demanda industrial contenida.
Pese a loa descensos tanto en producción como en nuevos pedidos, el comportamiento relativo continúa siendo más favorable que en otras grandes economías europeas, y las expectativas empresariales se mantienen en niveles superiores a la media de la zona euro.
El principal foco de riesgo para la industria española sigue siendo la debilidad de la demanda externa, en un contexto de menor dinamismo en los principales socios europeos, mayor fragmentación del comercio internacional y presión competitiva procedente de China.
Los indicadores de comercio y logística apuntan a un inicio de 2026 con capacidad global excedentaria y niveles de compra contenidos por parte de las empresas industriales. Este entorno sugiere presiones limitadas sobre los costes de aprovisionamiento en el corto plazo, salvo en caso de nuevas medidas arancelarias o disrupciones específicas.
El índice de volatilidad de la cadena de suministro de GEP muestra una menor intensidad de compras, especialmente en Norteamérica, asociada a ajustes de inventarios tras el cierre del ejercicio.
En el transporte marítimo de contenedores, la demanda desde Asia se mantiene firme en la antesala del Año Nuevo chino, lo que ha contribuido a sostener tarifas estables en las principales rutas. No obstante, se anticipa una moderación de la demanda a partir de marzo, coincidiendo con el regreso de capacidad a la ruta Asia–Europa a través de Suez, lo que podría aliviar presiones logísticas en el segundo trimestre.
Las políticas arancelarias de Estados Unidos seguirán condicionando las perspectivas de comercio e inversión durante el año.
Destaca la consolidación de India como cuarta economía mundial en términos de PIB nominal. Según las previsiones del CEBR, se espera que India ascienda hasta la tercera posición en el ranking global antes de 2030, superando a Alemania. Esta evolución refuerza el peso de Asia no solo como plataforma productiva, sino también como mercado final y como eje de reorganización de los flujos comerciales y productivos.
La presión sobre los precios se ha moderado en energía y en varias categorías de insumos industriales. En contraste, algunos metales industriales registraron subidas relevantes a lo largo de 2025, con incrementos en cobre y estaño. Esta evolución está asociada a una demanda vinculada a usos tecnológicos y a restricciones puntuales de oferta.
De cara a 2026, el principal riesgo no es un encarecimiento generalizado de los insumos, sino la volatilidad en materias primas específicas, en un contexto de demanda final débil en Europa.