Mientras se observan señales de recuperación moderada en la producción, emerge como factor crítico el aumento de los costes de producción con incrementos en metales industriales y energía. Esta combinación de demanda frágil y presiones inflacionarias requerirá monitorización estrecha y capacidad de adaptación por parte de las empresas industriales internacionalizadas.
El sector manufacturero mundial mejoró a principios de 2026, registrando en enero el crecimiento de producción más pronunciado desde junio de 2024. Los nuevos pedidos globales aumentaron, apoyados por una estabilización casi total de los pedidos de exportación. India, Estados Unidos y las economías ASEAN (lideradas por Vietnam) destacaron por su expansión industrial.
Sin embargo, persisten importantes áreas de tensión. Brasil y México experimentaron recesiones significativas, ampliamente atribuidas a los aranceles estadounidenses. En Europa, aunque se prevé que el aumento del gasto fiscal (especialmente en defensa) impulse el rendimiento manufacturero, la realidad actual es más sobria. La Zona Euro vio cómo el crecimiento perdía impulso debido a la caída de nuevos pedidos, pese a que la confianza empresarial alcanzó su nivel más alto desde febrero de 2022.
Uno de los factores de mayor preocupación a principios de 2026 es el aumento acelerado de los costes de producción a nivel mundial, que alcanzó en enero su mayor crecimiento en tres años. Este incremento se traduce en el mayor aumento de los precios de venta en fábrica en casi tres años.
Los precios de insumos industriales clave han subido notablemente. El cobre, el acero y otros metales industriales se encarecieron en enero. Los costes energéticos también experimentaron un aumento, aunque esto podría estar relacionado en gran parte con el invierno inusualmente frío en Europa y Estados Unidos.
En la Zona Euro y España en particular, las fábricas enfrentan una intensificación de las presiones de costes, con aumentos en materias primas como aluminio y cobre. La situación se complica por el hecho de que la competencia intensa y la escasa demanda limitan severamente la capacidad de repercutir estos mayores costes a los clientes. Los precios cobrados se mantuvieron prácticamente sin cambios, lo que indica una limitación en el poder de fijación de precios y, por tanto, una compresión de márgenes.
El sector manufacturero español enfrenta un comienzo de año desafiante. Los nuevos pedidos en las fábricas españolas disminuyeron en enero debido a la reticencia de clientes nacionales e internacionales a comprometerse con nuevos contratos e inversiones. Los volúmenes de exportación se desaceleraron fuertemente, reflejo de la debilidad de la demanda global.
A pesar de esta tendencia negativa en pedidos, la producción se mantuvo prácticamente sin cambios, lo que sugiere que las empresas están trabajando con el backlog existente.
Pese a este panorama complejo, los fabricantes españoles mantienen un optimismo notable para los próximos doce meses, anticipando demanda estable a lo largo de 2026 y confiando en que las inversiones en curso y nuevos proyectos lanzados darán sus frutos. No obstante, la intensa competencia de fuera de Europa y las incertidumbres geopolíticas y comerciales están incitando a los clientes a retrasar decisiones de inversión.
El comercio mundial está experimentando una reorganización estructural profunda. Tras crecer un 3,8% en 2025 (impulsado en parte por el adelanto de pedidos antes de nuevos aranceles) se espera una moderación al 2,2% en 2026.
Paralelamente, están surgiendo nuevas redes comerciales regionales. Las empresas están diversificando cadenas de suministro, reubicando producción y explorando nuevas rutas más allá de mercados tradicionales. Actualmente, el 57% de las exportaciones de países en desarrollo se destinan a otros mercados en desarrollo, frente al 38% en 1995.
En cuanto a la inversión directa extranjera (IDE), preocupa especialmente la caída del 16% en el número de proyectos greenfield (principalmente en sectores industriales) aunque su valor total se mantuvo alto gracias a grandes inversiones en centros de datos, IA y semiconductores. Los proyectos en industrias intensivas en cadenas de valor globales (electrónica, automoción, maquinaria, textiles) cayeron tanto en número como en valor, reflejando un realineamiento estratégico de las redes de producción global.
Las tarifas de flete bajaron en vistas al Año Nuevo Chino, y el índice mundial de contenedores Drewry (WCI) disminuyó principalmente por caídas en las rutas Transpacífica y Asia-Europa. Lo destacable es que el tradicional auge de carga previo al Año Nuevo Lunar no se materializó en 2026, señalando debilidad en la demanda subyacente.
En cuanto al desvío del Mar Rojo, CMA CGM, MSC y Maersk lideran el retorno a la ruta de Suez con buques de gran tamaño, mientras que navieras más pequeñas siguen evitando la zona de Yemen. El Cabo de Buena Esperanza sigue siendo la principal ruta para conectar Asia y Europa, aunque el número de buques transitando por allí ha disminuido.
El entorno de 2026 no es catastrófico, pero tampoco fácil. El FMI proyecta un crecimiento global del 3,3% (igual que en 2025) resultado de fuerzas opuestas que se equilibran. La inversión tecnológica (especialmente en IA), condiciones financieras acomodativas y estímulo fiscal en economías clave (Estados Unidos, China) sostienen el crecimiento. Pero los riesgos son significativos: expectativas excesivas sobre productividad de la IA, deuda pública elevada y tensiones geopolíticas persistentes.
Para las empresas industriales internacionalizadas, este contexto exige estrategia, adaptabilidad y capacidad de ofrecer valor diferenciado. La reconfiguración del comercio global está creando nuevos centros y rutas: países con infraestructura sólida, mano de obra cualificada y políticas estables están mejor posicionados para atraer inversiones. Explorar mercados emergentes y diversificar geográficamente será cada vez más importante, aunque requiere visión de largo plazo y paciencia.
La presión hacia equipamiento más eficiente energéticamente y soluciones sostenibles se intensificará, tanto por regulación como por demanda de clientes que buscan reducir costes operativos. La transición energética genera oportunidades en infraestructura verde, eficiencia energética y sistemas HVAC avanzados. El desafío es convertir estas presiones en ventaja competitiva.