Diego Guri, subdirector general de amec

La industria, en el punto de inflexión que definirá nuestra soberanía económica

12 de febrero de 2026

Mi participación en el Congreso Nacional de la Industria organizado por el Ministerio de Industria y Turismo me ha permitido corroborar lo que ya establecimos en el documento El Gran Reto de la industria internacionalizada, que sirvió para hacer un diagnóstico prospectivo de nuestra industria en los próximos años, y que contó con la participación de una amplia representación de la comunidad de las empresas de amec y de las organizaciones del ecosistema que las acompañan. Si algo nos dejó claro es que estamos ante un punto de inflexión para la industria europea y española.

En el Congreso se puso en evidencia que la industria es un pilar de la autonomía estratégica y una herramienta esencial para defender un modelo europeo de progreso. En un contexto de creciente incertidumbre geopolítica, con una China cada vez más agresiva comercialmente y unos Estados Unidos cada vez más cerrados, la capacidad de hacer, fabricar cosas y dominar tecnologías críticas se ha convertido en una cuestión de soberanía económica.

Quien fabrica, acaba diseñando, innovando y dominando la cadena de valor. Renunciar a la industria es renunciar a una parte fundamental de la capacidad de decisión sobre nuestro propio futuro. Además, la industria sigue siendo vertebradora del territorio y clave para fijar población. Pero para ello necesitamos también infraestructuras industriales modernas. Muchos polígonos requieren inversiones urgentes en conectividad digital, movilidad de personas y materiales, y servicios que hagan atractivos estos entornos tanto para empresas como para el talento.

Europa debe profundizar su mercado único, simplificar regulaciones y reforzar la inversión común en ámbitos como seguridad y tecnologías estratégicas. La idea de un “estado emprendedor”, capaz de impulsar capacidades industriales en nuestro continente y acuerdos comerciales con zonas confiables, gana peso en este nuevo escenario.

En este contexto, parece perfilarse como oportunidad el sector de la industria dual, con desarrollos aplicables tanto a defensa como a usos civiles. Tecnologías para el sector de la defensa como los materiales avanzados, sistemas electrónicos, ciberseguridad, comunicaciones, inteligencia artificial o fabricación de precisión, pueden encontrar después aplicaciones en sectores como energía, movilidad, salud o infraestructuras. Así mismo, capacidades industriales civiles pueden potenciar una industria de seguridad europea autóctona. Habrá que estar atentos en cómo la apuesta por este sector consigue ayudar a potenciar e incluso a mantener una industria europea y española muy dañada por la competencia china y la disrupción geopolítica norteamericana.

Durante el Congreso se comentó mucho la necesidad de ser competitivos en un mercado global cada vez más exigente. Los factores para la competitividad de la empresa industrial que amec lleva en su misión (anticipación, adaptabilidad, colaboración, sostenibilidad y glocalización) aparecieron de manera constante en las diversas presentaciones.

Estar atentos al cambio, a los mercados, a la tecnología y ser ágiles en adaptarse a las tendencias a través de la innovación es fundamental para defender nuestra industria, que debe apoyarse en la I+D+i, la tecnología y la calidad. La digitalización es aquí un habilitador clave en el diseño de producto, para desarrollar soluciones más eficientes, flexibles y adaptadas al cliente; en la producción, para ganar eficiencia en un entorno donde la mano de obra es cada vez más escasa; y en la operación y mantenimiento, mediante datos que permiten mantenimiento predictivo, mejora continua y nuevos modelos de servicio.

La sostenibilidad también puede ser un factor de diferenciación, pero debe abordarse desde la rentabilidad. En este sentido, la transición energética de la industria, apoyada en renovables, electrificación y digitalización, sólo será viable si garantiza energía limpia pero también competitiva.

Otro mensaje recurrente ha sido la necesidad de colaborar más y mejor. Compartir necesidades, retos tecnológicos y visiones de futuro entre empresas permite generar escala, acelerar desarrollos y reducir riesgos. Las alianzas dentro del sector son fundamentales para lanzar productos de forma rápida y eficiente en un mercado global.

Para ello son fundamentales los ecosistemas locales, clústeres y asociaciones. La competitividad no se construye solo empresa a empresa, sino a través de ecosistemas industriales locales sólidos. La proximidad entre fabricantes, proveedores tecnológicos, centros de conocimiento, startups y servicios especializados favorece la innovación, la transferencia tecnológica y el desarrollo de talento.

En este contexto, asociaciones empresariales como amec son estratégicas. Es un espacio para compartir retos entre las mejores empresas industriales internacionalizadas, generar colaboración y trasladar de forma estructurada la voz de la industria a las administraciones.

En este entorno también se hace evidente la necesidad de nuevas formas de colaboración público-privada y de instituciones capaces de actuar con agilidad. La movilización de inversión hacia tecnologías estratégicas, el apoyo a pymes y autónomos, los incentivos fiscales a la I+D+i, la competitividad energética y la captación inteligente de inversión extranjera son piezas clave.

También se insistió en el Congreso en que la internacionalización sigue siendo obligatoria, pero acompañada de cercanía al cliente, con una estrategia glocal. La combinación de digitalización e internacionalización permite ofrecer mantenimiento predictivo, trazabilidad, aseguramiento de calidad y servicio avanzado en cualquier parte del mundo. Los competidores asiáticos destacan por su presencia global y su capacidad tecnológica. Nuestra ventaja puede estar en combinar tecnología con un servicio diferencial y cercano al cliente, construyendo relaciones de confianza a largo plazo.

Sin el talento adecuado, nada de lo anterior será posible. Por ello se insistió en que es clave reforzar la colaboración con universidades y centros de formación profesional para acercar oferta y demanda. La industria debe ser capaz de atraer a las nuevas generaciones, que buscan propósito, reto y participación, en contraposición a la demanda de seguridad de generaciones anteriores. Esto obliga también a cambiar la imagen de la industria y a evolucionar los modelos de liderazgo. Con una fuerza laboral donde en pocos años un 30% será Generación Z, el liderazgo autoritario deja paso a modelos más participativos, basados en convencer, implicar y dar sentido a los proyectos.

Por último, unas últimas conclusiones sobre el Congreso en sí. En su octava edición, es de valorar la participación de 2.000 personas, según los organizadores. Así mismo también destacó la potente apuesta institucional con la participación de S.M. el Rey, el Presidente del Gobierno, el Ministro de Comercio y Turismo, así como diversos responsables autonómicos y locales. Aunque se anunciaron algunas medidas concretas como la segunda convocatoria de la línea 1 del PERTE de descarbonización industrial (330 M€) o el próximo lanzamiento de una gran convocatoria de innovación abierta, liderada por la Escuela de Organización Industrial (EOI) y el CDTI, a mi entender faltó mayor concreción sobre qué medidas de política industrial se llevarán a cabo más allá de la inminente finalización del Next Generation. Así mismo, me fui con la sensación de que somos muchos trabajando para la industria en iniciativas desagregadas y desconectadas, y que las medidas anunciadas por las autoridades no tendrán un impacto real si no se trabajan coordinadamente en una verdadera escala europea.

Diego Guri, subdirector general de amec

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